Ciencia homeopática 1
La homeopatía es la doctrina médica de más importancia en la historia de la medicina. Su valor estriba en su concepto de la enfermedad, a la cual considera como una causa y no como un efecto, y en la capacidad de ajustar su práctica a este concepto.
Todo en el organismo está sujeto a la acción de cierto agente, distinto de él, por unos llamado vida y fuerza vital por otros. Nada sucede en el organismo sin participación de la vida, pues todo -absolutamente todo- le está subordinado. La vida es la causa de la formación del organismo y de su funcionamiento. Ella se fabrica la residencia en que habita y bajo su dirección funcionan todos los órganos. Es un físico y un químico de primer orden y todos los fenómenos fisicoquímicos que se verifican en el organismo están bajo su dirección. Ella es la que mantiene la armonía vital entre todos los órganos de nuestro cuerpo y sin ella, el organismo no puede funcionar y sobreviene la muerte.
Esta fuerza vital tiene dos estados: uno normal, equilibrado, en consecuencia sano; el otro, desequilibrado, donde el organismo está enfermo. La salud es, pues, la vida normal y equilibrada y la enfermedad es la vida anormal, desequilibrada. Las enfermedades no son seres, no son sustancias; son modos de ser que presentan modalidades. Quedan descartados, se entiende, aquellos padecimientos producidos por la penetración en el seno del organismo de sustancias que, sean las que fueren, obran como cuerpos extraños de un modo fisicoquímico.
Este concepto del hombre, constituido por el organismo que impresiona nuestros sentidos y por un agente que lo gobierna y no accesible a la observación, es la más alta concepción de la ciencia sobre la naturaleza del hombre y quien no la acepta tiene que discurrir sobre los fenómenos vitales como fenómenos fisicoquímicos y constituir la medicina bajo esa base, instituyendo una patología organicista y una terapéutica del mismo género. Aceptando que la vitalidad es lo principal del hombre, la patología organicista desaparece de la ciencia y en todo caso de enfermedad la energía vital es la primera afectada y como consecuencia se presenta la disfunción y la alteración tisular, orgánica, sintomática y mental.
El problema principal es averiguar qué remedio corresponde a cada caso particular de enfermedad y esto ha sido resuelto satisfactoriamente por Samuel Cristian Federico Hahnemann Spiess, quien descubrió que el medicamento más adaptado a un caso morboso dado es aquel que tiene en su patogenesia los síntomas análogos a los síntomas característicos de la enfermedad que se trata de curar. Este modo de proceder se funda en que todos los medicamentos homeopáticos tienen la propiedad de modificar el flujo energético de los organismos vivientes y de producir, en virtud de la modificación que le imprimen, un número determinado de perturbaciones funcionales y anatómicas conocidas con el nombre de síntomas medicamentosos. El conjunto de síntomas que cada medicamento produce constituye una patogenesia particular.
Ahora bien, fuera de su sintomatología nada puede conocerse de los medicamentos, porque su manera de obrar es desconocida y es impenetrable su acción por ser dinámica y no fisicoquímica. Nadie puede explicar toda la patogenesia del Arsenicum Album, mostrando que depende de tal o cual reacción de orden químico que es generada por esa sustancia al obrar en el organismo. Y así corresponde a todos los demás medicamentos homeopáticos.
La circunstancia de emplear para curar dosis que la imaginación no puede concebir es asunto de la observación y la experiencia; por lo mismo, son nulas y de ningún valor todas las objeciones que se le opongan, porque como ha dicho un hombre célebre: "Cuando una cosa, sea la que fuere, se demuestra por la especie de prueba que le corresponde, nada puede invalidar su certeza" y hay que admitir y no desechar las dosis infinitesimales porque están demostradas por la observación rigurosa, que es la especie de prueba que les pertenece.
Lic. Francisco José Segura Levy.